Muchas de las experiencias divertidas y atractivas que podemos vivir en Internet nos obligan a compartir información y datos personales y no siempre es fácil saber quién los recibirá o manejará. Las consecuencias pueden ser sólo molestas (recibir correo no deseado o publicidad), pero también convertirse en algo más serio (robo de identidad, claves de tarjetas de crédito o desfalco económico).